El Helado  cubano, aliado perfecto para el verano

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A los cubanos nos gustan los dulces; es casi una tradición tener en  las casas  postres caseros como torrejas, flan o arroz con leche, con el pretexto de tener “algo dulce” para degustar después de comer o para convidar a la visitas inesperadas. Una curiosidad es que para muchos de los nacidos en la isla el helado cubano “se come” no se toma.

Uno de los postres preferidos por todos los cubanos es el helado. Sin dudas en un país como Cuba, que el clima es un eterno verano durante casi todo el año, qué mejor regalo  para combatir el calor que disfrutar de este refrescante postre en cualquiera de  sus variantes: potes, barquillos, paleticas o bocaditos de helado.

Y no importa dónde vivamos o cuantas marcas de helados hayamos probado, de sabores que ni sabíamos que existían, seguimos añorando el sabor de nuestro helado cubano. Ese que tenemos grabado en nuestra mente y en nuestro paladar como el más rico del  mundo. El helado que estamos acostumbrados a tomar en Cuba se caracteriza por su textura cremosa, su dulzor especial y su sabor tropical, sobre todo los de frutas como el mango, la guayaba o la guanábana,  lo convierten en una delicia.

Coppelia, la Catedral del Helado

 

Copellia Logo
Heladería Coppelia Imagen de Miss Bono, CC BY 3.0, via Wikimedia Commons

Hablar del helado cubano y no hablar de Coppelia,  es prácticamente imposible. Ubicada en la céntrica esquina deL y 23 , esta heladería se ha convertido en un símbolo de Cuba.  También conocida como la Catedral del Helado, fue el escenario de escenas de la famosa película Fresa y Chocolate de 1993, dirigido por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío.

Cuentan que en sus inicios,  en la década del 60,  la heladería ofrecía más de 20 sabores, que incluían desde los tradicionales chocolate, fresa , vainilla , o sabores de frutas tropicales hasta sabores menos cotidianos como “pistaccio”, “chocolate nuez”, “crema escocesa”, “ajonjolí” o “creme de vie”. Es común escuchar en Cuba , a nuestras madres y abuelas hablar de aquellos tiempos de esplendor del Coppelia y las deliciosas especialidades que ahí se servían como la Copa Lolita, el Arlequín o el Soldadito de Chocolate.

Aún cuando muchos de estos sabores y especialidades no se mantuvieron en el tiempo , es sin dudas, uno de los lugares más frecuentados por cubanos de varias generaciones cuando se tiene deseos de tomar helado.

¡Cuantos gratos  recuerdos afloran  a mi mente mientras hablo del Coppelia! Es inevitable que me remonte a mi época universitaria, donde era común ir con todo el grupo a la famosa heladería después de clases o en los ansiados “turnos libres”. También era parte del plan perfecto para una cita romántica con “bajo presupuesto».

Aunque había que hacer largas colas , entre risas y bromas el tiempo pasaba volando y cada segundo se disfrutaba. Recuerdo la búsqueda del codiciado chocolate en  las tablillas de sabores de todas las canchas, y en donde lo encontrábamos, ahí nos quedábamos aunque fuera la cola más larga.

¡Cuántos sueños  y planes nos contamos entre “jimaguas” y “ensaladas”! Saboreábamos cada cucharada como el manjar más delicioso, sin importarnos la poca variedad de sabores, las imperfecciones de las bolas huecas o los “bautizos”  con hielo que de vez en cuando descubríamos.

Mientras escribo no puedo evitar sonreír con un toque de nostalgia,  mientras revivo esta época feliz. Hoy, aunque he probado otros helados, confieso que ninguno  me sabe tan delicioso cómo aquel que saboreé durante mi infancia y  parte de mi juventud en Cuba, con ese dulzor que caracteriza a los postres de mi tierra y que se ha convertido en parte de nuestra identidad.

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