El muro que guarda los sueños de Cuba

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Sí, lo sabes, probablemente también le dejaste conocer tu historia, tus secretos de adolescente, tus amores confesados, tus quejas y tus alegrías. Lo que nunca pensanste que dirías lo revelaste allí, en ese muro que ha sido oyente impasible de las noches habaneras y testigo de anécdotas, de risas y lágrimas, de locuras y de inhibiciones.

Ese Muro por el que caminaste tantas veces que lo llegaste a considerar uno más de tus amigos, en el que te sentaste a mirar el azul del mar caribeño cuando estabas triste, en el que compartiste con esas personas tan queridas para ti, con aquellos que aún te acompañan y con otros que quedaron atrás.

Una combinación espectacular de antiguo y renovado lo llena, de aires nostálgicos en caras surcadas de arrugas o en gritos felices provenientes de almas jóvenes. Un muro que se nutre de recuerdos en el tiempo…de luces, de sombras, de atrevimientos, de paz.

El Malecón habanero es ese muro que hace de guardián del mar y de amigo de los que habitan o incluso visitan la capital cubana. No son muchos los que se despiden de la Isla sin antes haberlo visitado. Sin sentarse a disfrutar de la brisa nocturna en ese muro de tantos años y relajarse, o pensar. No hay mejor lugar para pensar, dicen los habaneros.

El Malecón es el sitio más concurrido de La Habana, y definitivamente, el más visitado. Pues según los capitalinos, no hay mejor lugar en toda Cuba. Y no hay sitio en el mundo que pueda borrar el recuerdo de un atardecer en el Malecón, de un amanecer contemplándolo desde la ventana o de una noche entera de risas en él.

Está considerdo también como una maravilla arquitectónica y un símbolo de cubanía. Incluso podría decirse que es una marca que representa a a Isla en todo el mundo.

El muro se extiende sobre toda la costa norte de La Habana a lo largo de ocho kilómetros y es refugio de los capitalinos. Todos, cubanos y visitantes por igual, encuentran siempre su pedacito de Malecón.

Por supuesto, queda claro que además de ser toda una costrucción con funciones estratégicas como guardián de un mar que a veces se envalentona, es también una atracción turística. El visitante extranjero solo necesita pasar unos minutos de su tiempo paseando por el inmenso muro, para contagiarse con los grupos de cubanos que destilan carcajadas o desprenden cantos mientras empuñan guitarras, con los aires románticos de muchas parejas que contemplan el mar…o se contemplan.

Un detalle curioso de esta fenomenal obra arquitectónica, es que no siempre se llamó Malecón. Cuando comenzó su costrucción, hace más de un siglo ya, se le conoció como Avenida del Golfo. Fue ideado con el fin no solo de evitar la entrada del mar, si no de cubrir el inhóspito terreno rocoso que rodeaba la costa habanera.

El Malecón además, es testigo silencioso de la historia de fortalezas coloniales como el Castillo de la Real Fuerza de La Habana y el Castillos de San Salvador de la Punta.

Queda claro que la nostalgia lo cubre, la belleza no lo abandona y los sentimientos de miles de cubanos lo colman. Ese es, el muro de más de un siglo que protege la capital de Cuba, el tan adorado Malecón.

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